El 26 de julio de 2005, Tortolero fue sometida a una “laminectomÃa más artrodesis con colocación de implantes de titanioâ€, en el Instituto de Especialidades Quirúrgicas, a cargo del traumatólogo Luis Alberto Vargas. Su cuadro clÃnico indicaba “estenosis del canal por hernia discal en L4-L5â€.
El médico tratante ordenó un reposo absoluto de tres meses, pero, al comenzar a caminar, sentÃa que el implante se movÃa y le causaba mucho dolor.
-Por ello fui a consulta y el doctor me mandó a hacer una resonancia magnética, y al verla dijo que todo estaba bien, que se trataba de un callo que se estaba formando, pero el malestar persistÃa, y cada vez que iba a consulta y preguntaba cuándo comenzarÃa con la fisioterapia, me decÃa que habÃa que esperar, a pesar de que habÃan transcurrido seis meses de la operación, precisó.
-Con el tiempo, el dolor se volvió crónico y no habÃa tratamiento que me mejorara -continuó-, estaba postrada en una cama, no dormÃa ni comÃa, por lo que mi familia decidió llevarme al Centro PoliclÃnico La Viña, donde fui atendida por los doctores Strauss y Bellera. Ellos me piden otra resonancia magnética con medio de contraste, la que diagnosticó “SÃntesis en L3-L4 y en L5. Deshidratación de los discos invertebrales L1-L2, con protuberancia anular central, L4-L5, igualmente con protuberancia anular central L3 y L4 y L4 y L5â€. Me indicaron fisioterapia; sin embargo, mis hijos decidieron llevarme al Instituto de Columna, en el Centro ClÃnico Caracas.
El informe médico señala que “la paciente presenta lumbociatalgia bilateral con antecedentes de cirugÃa descomprensiva instrumentada L4-L5, sin mejorÃa de la sintomatologÃa.... en resonancia magnética se evidencia ‘estenosis L4-L5, con instrumentación pedicular’ y en estudios de electromiografÃa se reporta ‘radiculopatÃa L5 izquierdaâ€.
-Todo esto fue notificado al traumatólogo operante, quien aceptó que debÃa someterme a una nueva operación, pero mis condiciones económicas no me lo permiten; por ello exijo la indemnización de lo gastado luego de la primera operación (12 millones 200 mil bolÃvares), para poder cancelar la nueva intervención, precisó Mery Tortolero Freites.
“Tengo derecho como ser humano a recuperar mi salud con una segunda operación, ya que deseo volver a ser una mujer activa y me horroriza la idea de terminar mis dÃas postrada en una silla de ruedas, por el hecho de que el doctor Luis Alberto Vargas Moya no haya cumplido con su juramento hipocráticoâ€, sentenció.
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