Cuando tenía 8 años perdí a mi mamá a consecuencia del cáncer de seno. Fue en Uruguay, en 1963, y Reina Carmen tenía 41 años, un diagnóstico confuso, una cirugía a destiempo y la "bomba de cobalto" que quizás la hubiera ayudado permanecía demorada en la aduana de Montevideo.
El recuerdo de mi madre es igual a esa foto que me acompaña siempre, imagen detenida en el tiempo de una mujer hermosa de mirada serena; imagen que emigró conmigo desde mi patria y que mi hija reconoce como a su abuela. Nunca he dejado de mirar esa foto sin preguntarme: ¿por qué? Y nunca encuentro respuesta, pero el sentimiento de frustración se alimenta con tantos años de impotencia y derrota.
Por azar llegué a la página de internet de la Fundación Avon y empecé a navegar sus páginas. Mi entusiasmo fue creciendo ante el descubrimiento de que en realidad yo ya no estaba sola, eran muchas las madres, hermanas, hijas, abuelas; eran muchas las ausentes, y todos esos vacíos ya no contenían sólo lágrimas y pesar, sino un sentimiento muy grande de esperanza y solidaridad.
La certeza de que uno no debe quedarse detenido en el tiempo lamentando su pérdida, sino canalizar esa energía en ayudar a los demás, me hizo participar inmediatamente en la Caminata por el Cáncer de Seno en las Playas de LA (Breast Cancer Walk LA Beaches) que se realiza este fin semana.
Así me encontré guiada y amparada por toda una estructura que ofrece todos los medios de asistencia posibles para llevar a cabo este plan, ordenadas en tres etapas primordiales: las etapas simultáneas de entrenamiento y recaudación de donaciones que nos habilitan a participar en el evento y la caminata propiamente dicha.
Hoy y mañana caminamos a lo largo de unas 38 millas en la ciudad de Long Beach, durante las cuales "reaprendo" que el sufrimiento como el cáncer no entiende de sexos, edades o razas… allí estamos todos unidos, mujeres y hombres, cada uno llevando el estandarte de su triunfo, de su dolor, de su frustración, de sus pérdidas.
Desde que participo, siento que finalmente estoy haciendo algo que nos daría a todos la esperanza de un futuro sin cáncer.
En la caminata del año 2005, 1,350 participantes juntaron tres millones de dólares que se destinaron a para buscar una cura para el cáncer de seno y permitir el acceso de las poblaciones menos privilegiadas a cuidados médicos, tratamientos y mamogramas.
Las instituciones locales beneficiadas fueron: John Wayne Cancer Institute, the UCLA Foundation-Iris Cantor Breast Imaging Center, the University of California-Jonsson Comprehensive Cancer Center, Dr Susane Love Research Foundation.
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