En el procedimiento convencional se hacen cuatro milimétricas incisiones: una el ombligo y dos o tres en el abdomen.
En la técnica sin huella, el médico solo hace una incisión en el ombligo para introducir una serie de instrumentos y operar.
Actualmente las cirugías de vesícula y apéndice por laparoscopia son comunes en hospitales públicos y privados del país.
Sin embargo, es hasta ahora cuando se extraen estos órganos con un tipo de laparoscopia que reduce de cuatro a una sola incisión los “puertos” por donde se opera.
Sánchez aprendió esta técnica sin huella en el centro del cirujano mexicano Fausto Dávila, quien desarrolló el procedimiento en 1997.
“La cirugía dura un poco más que con la laparoscopia tradicional, pero tiene mayores ventajas estéticas”, dijo Sánchez.
Junto con la ventaja estética, el paciente recibe los beneficios de cualquier laparoscopia: no se le hacen grandes heridas, puede irse horas después de la intervención a su casa y se recupera más rápido.
Para operar mediante laparoscopia, el médico hace primero una incisión en el ombligo para introducir un lente tubular.
Este lente está conectado a una cámara que envía imágenes a un monitor de alta resolución.
De esta forma, el médico ve los órganos para operar.
En la técnica convencional, necesita de otras incisiones en el abdomen para introducir instrumentos hechos para laparoscopia.
El médico mete tijeras, pinzas para sujetar órganos enfermos, un bisturí eléctrico y engrapadora.
En la cirugía sin huella solo requiere una incisión en el ombligo porque usa un lente que cumple una doble función.
El lente tiene un diseño especial para enviar imágenes desde la cavidad abdominal. Además, tiene un canal por donde el médico pasa los instrumentos al interior.
En esta cirugía el médico introduce, además, agujas con hilos para sujetar y mover los órganos según sus necesidades quirúrgicas.
Tras operar, saca los órganos enfermos por el ombligo.
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