El primer paciente de la noche del jueves en la pediatrÃa del San Juan de Dios es un pequeño de 10 años. Un empujón que recibió de sus compañeros durante el recreo y que lo hizo rodar escaleras abajo le provocó una fractura de radio.
Mientras cuenta los pormenores de la travesura que lo llevó ahÃ, puede hacerse un rápido inventario del improvisado quirófano en el que no hay más que una camilla, una lámpara común y ni un solo equipo de emergencia.
Ajeno al peligro que corre por la falta de un capnógrafo –un aparato que provee información sobre el nivel de respiración y la cantidad de oxÃgeno que ingresa al cuerpo– sonrÃe mientras escucha la voz de su anestesista: “¡Respira tranquilo, no pasa nada!â€.
La intervención no durará más de 10 minutos, que se hacen eternos. El pequeño deberá despertar en los siguientes 20.
Un nivel abajo en la emergencia no hay espacio disponible y las fracturas de todas clases proliferan. El turno apenas comienza, son las 8:00 de la noche y el calor es irritante.
Horas después, 3 pacientes que ingresarán a la sección de adultos con fracturas expuestas no podrán ser operados por falta de quirófanos y de insumos. Ellos se sumarán a los 21 que no han sido atendidos.
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