Opinión: El movimiento ‘Slow’...

Submitted by admin on Fri, 2006-09-08 08:00.

Ofrecemos el artículo de opinión realizado esta semana por el doctor Miguel Ángel Delgado, para azprensa.com.

Cada vez más, me da la sensación de que vamos a todos los sitios con prisa. No hacemos nada con calma; siempre corriendo, de aquí para allá. Y, además, hasta hace poco, hacer muchas cosas a la vez era sinónimo de eficacia, de ser mejor, el modelo a imitar. Si no están de acuerdo, piensen en un día cualquiera, cuando vamos al hospital: nos levantamos pronto (algunos incluso a las cinco o seis de la mañana para estudiar o leer algún artículo), desayunamos y nos vamos corriendo al hospital, para estar allí a las 8.00 h., antes de la sesión. Si da tiempo, vemos a los enfermos que llevamos más directamente, les damos los buenos días y vemos si han tenido fiebre, comprobamos las otras constantes... Nos metemos en la sesión, donde escuchamos el parte del día anterior, datos sobre los enfermos más difíciles o una sesión monográfica, mientras estamos pensando en qué cosas tenemos que hacer.

Ya son 8.20 h. de la mañana. Nos cambiamos corriendo el pijama para entrar en quirófano y nos pasamos a ver si está el anestesista, si la enfermera ha preparado todo lo necesario, si el celador ha llevado al enfermo, si la historia está completa o hay que ir a buscarla (ni qué decir tiene que si alguien tiene que ir a buscar la historia somos nosotros)... Volvemos a la planta, donde discutimos sobre los enfermos de la sesión, alguien te pide un cambio de guardia, el jefe te dice que tienes una reunión el día tal a la hora tal... y vuelves a quirófano, donde el enfermo ya está dormido. Le colocas o esperas a que venga el celador para hacerlo, te exasperas y… empieza la operación, donde, es verdad, las prisas desaparecen. Ahí te aíslas, aunque te llamen por teléfono y venga la enfermera porque falta esto o aquello y tengas que esperar a todo el mundo.

Sales y entre enfermo y enfermo vas a la planta, ves a algún otro paciente, si no tienes que pasar visita a toda la planta, o haces algún informe, alguien te llama para no sé qué... Y vuelves a quirófano, corriendo, otra vez operas y acabas. Si tienes cirugía de tarde, te cambias de pijama, bajas a la cafetería y comes corriendo, subes, te vuelves a cambiar y operas... A uno, dos o tres pacientes.

A las siete u ocho de la tarde has acabado y vuelves a casa. Y allí, los líos de la familia, haces los deberes con los niños, te llama no sé quien, haces otra cosa, y a las diez de la noche te sientas a ver la tele, a hacer zapping, muchas veces sin ver nada que te guste. Y a la cama, que mañana será otro día.

Si no tienes cirugía de tarde, tienes guardia, consulta privada o cualquier otra cosa. Pero siempre algo. ¿Creen que todo esto no genera estrés? Lo malo no es ir corriendo, sino tener en la cabeza mil carpetas de Windows abiertas a la vez y ver que no cierras ninguna. Esto no le pasa a todos los médicos del mundo, pero sí a muchos de nosotros que, además, hemos creído que es el modelo a seguir. ¿Nos autoexigimos demasiado? ¿Intentamos ser muy perfeccionistas? ¿Somos inseguros y no sabemos decir que no? Porque a veces hay que decir que no, pues no llegamos a todo. Decir no es un buen método, pero no lo usamos muchas veces...

Otra cosa es saber desconectar. ¿Desconectamos los médicos? Cuando nos vamos a dormir, ¡cuántas veces ‘nos llevamos' el enfermo a la cama! ¿Habrá tenido fiebre? ¿Se habrá ido esa anastomosis? ¿Sangrará? Lo malo es que a veces hasta criticamos a aquellos que consiguen desconectar y no se acuerdan de su trabajo una vez terminado, o hacen por no acordarse. Y eso, según los últimos estudios, es buenísimo. Nuestra mente tiene que desconectar, tiene que olvidarse del estrés.

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