Estigmas del cargador«Los zamoranos preferimos cargar a ir como ......

Submitted by admin on Wed, 2006-04-12 08:00.

Cada uno se apaña. Algunos cargadores se blindan las lumbares con fajas ortopédicas y, con vendajes funcionales, los dedos de los pies, tobillos y muñecas. Hay que amortiguar en lo posible la carga de ese tamaño prodigioso y difícil de ignorar que constituye el paso procesional. En función del número de hermanos de paso, tocará entre cuarenta y sesenta kilos por cargador. Los de 'La conducción', del Santo Entierro, cargan con 47 kilos de media de un grupo escultórico que pesa 1.700 kilogramos con figuras y que es portado en andas por 36 hombres. Tras horas de marcha, solo quedarán voces rotas y autómatas aplastados por el dolor. La única que permanecerá intacta de una Semana Santa a otra es la fe. La que hace enmudecer cuando el cargador veterano da la lección maestra: «El paso no se lleva con la fuerza, sino con el corazón».

Costó convencerles de que la tradición no flaquearía si se cuidaban, que el cuerpo tiene sus límites, que no había que dejarse llevar por la pasión, y Montserrat Altemir lo consiguió. Durante seis años, esta fisioterapeuta colegiada estudió los casos clínicos de 3.500 cargadores que soportan a voluntad el peso del paso sobre la cerviz, espalda y riñones. Habló también con presidentes de distintas hermandades y cofradías, preparó una tesis sobre el asunto que plasmó en una página web y terminó por abrir una especie de clínica: el Centro de Atención al Cargador. Los diagnósticos eran calcados: contracturas en la espalda, esguinces en los pies y hormigueo en las manos o parestesia, provocada por la compresión de los filetes nerviosos que salen de las cervicales. Sin contar calambres, agujetas, sudor a chorros. Y otro vocablo 'comestible' para denominar la hinchazón que la carga hace brotar en el cuello: el 'tomate', por lo colorado que se pone; o 'morrillo', por la forma sobresaliente que adopta.

Analizó la actitud postural más adecuada en cada uno de los tres momentos de la 'carga', según las circunstancias: suelo adoquinado o liso, clima lluvioso o bochorno, peso y altura del cargador, dieta, tiempo de duración de la procesión... Vio que los dolores más marcados se localizaban en el cuello, gemelos, lumbares, rodillas y dorsales y se esforzó por reeducar malos hábitos -cómo hacerse bien la ropa, cómo evitar movimientos bruscos, cómo mirar al frente sin levantar la barbilla.

«Nuestro cuerpo es como un 'tente' en el que todas las piezas están en relación. Cuando una falla, las demás se desequilibran y realizan un sobreesfuerzo para compensar el problema», explicó a sus pacientes. Finalmente, utilizó la fisioterapia antes, durante y después de la actividad del cargador para prevenir que «las dolencias agudas motivadas por movimientos incorrectos, sumados en muchas ocasiones a una salud endeble y a una preparación física insuficiente», originaran una penitencia de por vida.

Primer consejo: una ropa apretada, mal ajustada, que no deje transpirar la piel y no amortigüe los puntos de presión podría causar más daño del debido. Segunda recomendación: si se inicia el movimiento con una postura inadecuada, ésta no podrá enmendarse hasta que el paso se estacione. «Preste atención al equilibrio y la coordinación. Por la variación del centro de gravedad, debe emplearse el máximo esfuerzo, pero, al mismo tiempo, hay que repartir los kilos de forma equitativa. El peso del cuerpo debe ir en el centro del mismo», continúa Altemir. Evitar las bajadas de azúcar y la falta de nutrientes energéticos con una alimentación ligera rica en hidratos de carbono y bebidas con glucosa tampoco estará de más para que al cargador no le cueste la salud, aseguró a los responsables de paso.

De estos últimos dependerá imponer disciplina y que la clasificación de los hermanos de paso dentro sea la adecuada a su estatura.

También vigilarán que todos sus hombres tengan, como mínimo, 18 años. Los antiguos cargadores se iniciaban en este mundo con doce o trece. «El precoz inicio en esta actividad repercute negativamente en el proceso normal de crecimiento del individuo. De igual modo, no suele tenerse en cuenta el hecho de que a partir de los 35 años se debe salvaguardar de manera especial la integridad de músculos y huesos, evitando sobrecargas», alerta Víctor Pablo Pardo Arquero, maestro doctorado en Educación Física y estudioso sobre el tema.

«El andar del paso será armónico, al compás de la música o en el silencio, sin que las cabezas vayan flexionadas hacia adelante y sin que nadie trate de «aliviarse peso» para no perjudicar al compañero. Los antiguos cargadores eran hombres habituados a mover pesos. Intacta la tradición, sucede que entre los cofrades del siglo XXI abundan las profesiones sedentarias, en las que el esfuerzo físico no es imprescindible. Carne de oficina levantando pasos que alcanzan los dos mil kilos porque el alma, que no el cuerpo, lo pide.

«Antes no existían los ensayos», evoca Ernesto Sanguino, abogado y capataz de la Macarena en Sevilla. Sanguino entrena a su cuadrilla los cincuenta días previos a la Semana Santa. Entre todos, fabrican una estructura semejante a la del paso y colocan sobre ella planchas de acero y sacos de arena antes de emprender la marcha nocturna por las calles. Hay recorridos que duran una hora. Otros itinerarios, en cambio, se prolongarán durante más de cinco.

En las últimas dos décadas han fallecido dos cargadores. Ambos sufrían dolencias cardíacas «que se vieron acentuadas durante la carga del paso hasta causarles la muerte», explica Antonio Santiago Muñoz, doctor en Medicina y Cirugía y capataz de pasos durante los últimos 36 años. Santiago tiene a más de mil hombres bajo sus tablas repartidos en siete hermandades de Sevilla. Su cargo le ha habituado a verlos sufrir en medio de la euforia. «Cuando salen, van frescos. Pero regresan derrotados físicamente», avala.

Ochocientas personas pasaron la última Semana Santa por el Centro de Atención al Costalero que organiza el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Andalucía junto con el Ayuntamiento y el Consejo de Hermandades y Cofradías locales. Se llevaron a cabo cuatro intervenciones médicas por paciente: cuadros de dolor articular en rodillas y tobillos, sobrecargas, contracturas... Se les aplicó masajes, estiramientos, electroterapia -ultrasonidos y corrientes analgésicas- y crioterapia o frío para minimizar inflamaciones y dolor. A otros se les tomó la tensión e incluso se atendieron casos de rozaduras, uñas encarnadas y ampollas en los pies. Un estropicio. Aunque para el cargardor no hay mejor anestesia que la ilusión.

A diferencia de lo que hoy sucede, ningún interés suscitaba antaño la profesión de cargador, menos aún en el mundo académico e intelectual. Según explica Mariano López Montes, doctor en Medicina y Cirugía y licenciado en Antropología Social y Cultura, 'gallegos' es el término que, desde finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, se consolidó para referirse a los cargadores.

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