Dos de cada diez adultos mayores de 60 años de edad, y dos de cada cien entre la población en general, padecen de mal de Parkinson, enfermedad cuyos efectos (temblores, parálisis y rigidez de extremidades) se reducen con la implantación de un marcapasos cerebral, especialmente si el afectado es intervenido antes de los 40 años de edad, lo cual le permite mejorar su calidad de vida e, incluso, reintegrarse a su trabajo.
Este marcapaso es un neuromodulador que emite impulsos eléctricos que estimulan o inhiben ciertas zonas del cerebro. Así, por ejemplo, se reduce el temblor (movimientos rápidos, cíclicos y rítmicos, ya sea en dedos, manos o pies) o se estimulan los movimientos musculares, o bien disminuye la rigidez de las extremidades, señaló el jefe del servicio de neurocirugía del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS, Gerardo Guinto Balanzar.
Explicó que es un mal neurodegenerativo propio del envejecimiento, aunque también hay enfermedad de Parkinson juvenil. Como en toda enfermedad neurológica, el inicio a tiempo del tratamiento es fundamental.
El mal de Parkinson se caracteriza por afectar al sistema nervioso central y específicamente altera los centros de control de los movimientos, las neuronas dopaminórgicas (las de los núcleos del cerebro), debido a la degeneración, lesión o muerte de las células nerviosas del cerebro.
Comienza con dificultad para el movimiento de un brazo, de una pierna y después de diez o quince años los signos se hacen más evidentes, inician los temblores, la rigidez o en definitiva la inmovilidad.
Por su parte, el neurocirujano Ramiro Antonio Pérez de la Torre, explicó que a través de una cirugía estereotáctica, de mínima invasión, con apoyo de un sistema computarizado e imágenes de resonancia magnética o tomografía, se determina con precisión, con base en coordenadas cartesianas, la región del cerebro donde se debe colocar el neuromodulador -que es un electrodo con cuatro puntas y un cable que va hasta la batería-, en la parte profunda del encéfalo.
Para ello, se introduce un electrodo al cerebro en la zona detectada, dependiendo de lo que se quiere modular o controlar. Si en el paciente domina la rigidez, se coloca en el globo pálido; si tiene temblor, en una parte del tálamo y si combina lentitud de movimiento, rigidez y temblor, en el núcleo subtalámico.
La ventaja de la colocación del neuromodulador, en relación a otro tipo de cirugías, es que esta terapia es reversible, pues se puede apagar o prender el aparato de acuerdo a las condiciones o mejoría del paciente.
El doctor Luis García Muñoz, también adscrito a este servicio y experto en el manejo de estos pacientes, indicó que la cirugía se hace con anestesia local a fin de que el enfermo coopere y ayude a determinar la zona precisa en donde se colocará el electrodo al mover la mano o el pie afectado, de tal manera que se confirma anatómica y funcionalmente la parte indicada para implantar el aparato.
This is cache, read story here
