Ibarretxe quiere un papel...

Submitted by admin on Wed, 2006-04-05 08:00.

Ibarretxe quiere que su gobierno represente un papel importante en el proceso de paz. Ni el lehendakari, ni el PNV, ni la sociedad vasca deberían contemplar el nuevo escenario político desde el patio de butacas. Zapatero puede contar con la lealtad y la colaboración del ejecutivo vasco, que ha de ser un actor en la escena política. Es el momento de trabajar codo con codo, gobierno vasco y gobierno español, en los nuevos tiempos que se caracterizan por el diálogo. Un diálogo a muchas bandas, del que ningún partido democrático quedaría excluido.

Fue ayer la quinta vez que se entrevistaban Ibarretxe y Zapatero en algo menos de dos años. El lehendakari llegó a La Moncloa con la firme intención de exigir protagonismo. Lleva un tiempo el PNV recelando de la posible pinza, incluso involuntaria, que podrían formar el Gobierno socialista y Batasuna en el proceso de diálogo para la paz, pinza en la que el nacionalismo temería quedarse prendido o con dificultades de respiración. Se ha sabido que el sector más soberanista del PNV aspira a que el partido desempeñe una tercería en las conversaciones del Gobierno con ETA, para no enterarse del asunto por los periódicos.

Zapatero le ha hablado, al parecer, con franqueza a Ibarretxe, intentando convencerle de que hay dos caminos que no deben cruzarse: el del fin de la violencia y el del nuevo marco estatutario del País Vasco. El lehendakari se ha mostrado impaciente por convocar la mesa política en la que se dialogue sobre el futuro político, pero ayer reconoció que, más importante que convocar la mesa un mes antes o un mes después, es que se esté en condiciones de llegar a acuerdos, cuando la mesa se convoque. Y para alcanzar esa condiciones procede trabajar en silencio desde ahora.

Sintoniza así Ibarretxe con las tres ideas que le expuso Zapatero como líneas de una hoja de ruta aún por definir: cautela (hasta la comprobación, y podría ir para largo, de que el alto el fuego etarra equivale al fin definitivo de la violencia), unidad democrática y colaboración. Unidad de todos a favor de las perspectivas de paz, y colaboración, sin exclusiones, de todas las siglas que rechacen la violencia. Por ahora, y según la vicepresidenta Fernández de la Vega, el objetivo político no es otro que la constatación del fin de la violencia como realidad. En esa tarea nadie debe tener la menor prisa.

Es posible que al fin definitivo de la violencia no le regateen ni el presidente Zapatero ni el socialismo vasco a Ibarretxe un papel patriarcal en la mesa del diálogo político sobre lo que los nacionalistas llaman las relaciones de Euskadi con España, es decir, sobre el nuevo estatuto. Ya se sabe que Batasuna reclamará la independencia, mientras que el PNV fluctuaría entre un soberanismo amortiguado, respecto al del inservible plan Ibarretxe, y un reforma estatutaria con el techo más alto que permita la Constitución. El ejemplo del proyecto de Estatut catalán, al que el parlamento español le ha sometido a una cirugía constitucional sin anestesia, vendría a marcar las pautas por las que al debate entre las fuerzas vascas le convendría discurrir.

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